4 de Agosto

Memoria de San Juan María Vianney, (Cura de Ars) patrono de los sacerdotes.

En nuestra parroquia Fr. Jesús celebró el banquete eucarístico conmemorando dicha memoria.

A la izquierda del altar, y bellamente adornada, se podía observar la hermosa la imagen de Nuestra Señora de las Lágrimas, que nos acompañará en las celebraciones hasta el domingo.

En la homilía de Fr. Jesús nos ayudó a reflexionar sobre la importancia de la “Palabra de Jesús”, ella siempre nos señala el camino y es tan importante como comer el Pan, el Pan que es Vida.  Al finalizar, recordó las palabras de Jesús: “pídanle al Señor obreros para su mies”.

Y así lo hicimos: pedimos por la intercesión de María y de San Juan María Vianney que nos envíe sacerdotes santos y nos lleve de la mano a Jesús que es el Camino la Verdad y la Vida.

Tras finalizar la misa tuvimos media hora de Adoración Eucarística: alabanzas, gracias, perdón y canciones nos ayudaron a vivir un hermoso momento de encuentro personal con Jesús. Y en relación a la fecha que estábamos celebrando se leyó este pasaje de San Juan María Vianney:

Cada vez que veo un sacerdote pienso en Jesús.

“Si yo me encontrara a un sacerdote y a un ángel, le mostraría respeto primero al sacerdote, después al ángel….Si no fuera por el sacerdote, la Pasión y Muerte de Jesús no nos ayudaría…¿Qué de bueno fuera un cofre lleno de oro si no hubiera alguien que lo abriera? El sacerdote tiene las llaves para los tesoros celestiales.” ¿Quién hace que Jesús venga en blancas Hostias? ¿Quién pone a Jesús en nuestros Tabernáculos? ¿Quién da a Jesús a nuestras almas? ¿Quién purifica nuestros corazones para que podamos recibir a Jesús? Es el Sacerdote y nadie más que el sacerdote.  Él es “el que sirve el Tabernáculo” (Heb. 23:10), quien tiene el ministerio de la reconciliación”  (2Cor. 5:18), quién  es para ustedes un ministro de Jesucristo” (Col. 1:7), y distribuidores” de los misterios de Dios” (1Cor. 4:1)

Alrededor  de las 20,30 nos reunimos en comunidad en el Salón Ntra. Señora de Consolación, compartimos mucha piza, sándwich y ricos dulces. Disfrutamos un hermosísimo momento con mucha alegría y fraternidad agustiniana.