The Exhortation to the Apostles (Recommandation aux apôtres)-001

+ Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo

Según San Marcos ( 13, 33-37)


«Tengan cuidado y estén prevenidos porque no saben cuándo llegará el momento. Será como un hombre que se va de viaje, deja su casa al cuidado de sus servidores, asigna a cada uno su tarea, y recomienda al portero que permanezca en vela.

Estén prevenidos, entonces, porque no saben cuándo llegará el dueño de casa, si al atardecer, a medianoche, al canto del gallo o por la mañana. No sea que llegue de improviso y los encuentre dormidos.

Y esto que les digo a ustedes, lo digo a todos: “¡Estén prevenidos!”».

Palabra del Señor

I DOMINGO DE ADVIENTO

CICLO B

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según San Marcos

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SAN AGUSTÍN COMENTA

Mc 13, 33-37: Yo te amo cuando afirmas lo que yo deseo que sea verdad

Aquí viene bien lo que está escrito en el Evangelio según Marcos: Vigilad, pues, ya que no sabéis cuándo vendrá el señor de la casa, si en la tarde, o a media noche, o al canto del gallo, o por la mañana; no sea que venga de repente y os halle dormidos. Y lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: vigilad. ¿Por quién dice todos sino por sus elegidos y amados pertenecientes a su cuerpo, que es la Iglesia? No sólo se dirigía a los que entonces le escuchaban, sino también a los que vinieron luego antes de nosotros, a nosotros mismos, y a los que llegarán después de nosotros hasta su última venida. ¿Acaso aquel día nos encontrará a todos en esta vida? ¿O dirá alguno que también se refería a los muertos al decir: Vigilad, no sea que venga de repente y os encuentre dormidos? ¿Por qué dice a todos lo que tan sólo atañe a los que vivirán entonces, sino porque en el sentido que acabo de exponer atañe a todos? Vendrá para cada uno el día en que cada uno ha de salir de aquí tal cual será juzgado en aquel día. Por eso debe vigilar todo cristiano, para que no le encuentre desprevenido la venida del Señor. Y le hallará desprevenido ese día final si le encuentra desprevenido el último día de su vida. Los apóstoles sabían por lo menos que el Señor no vendría en su tiempo, mientras vivían en carne. ¿Y quién duda de que se distinguieron vigilando y guardando lo que dijo a todos, para que, si el Señor venía de repente, no les hallase desapercibidos?

Voy a declararte, como a santo hombre de Dios y sincerísimo hermano, mi opinión sobre este punto. Hay que evitar dos errores, en cuanto el hombre puede evitarlos: creer que el Señor vendrá más pronto o más tarde de lo que en realidad vendrá. Me parece que yerra, no el que reconoce su ignorancia, sino el que se imagina saber lo que no sabe. Dejemos a un lado aquel siervo malo que dice en su corazón: Mi Señor tarda en venir, y maltrata a sus consiervos y se junta y banquetea con los borrachos, ya que éste odia, sin duda, la venida de su Señor. Dejando aparte a ese siervo malo, pongamos ante nuestra consideración tres siervos buenos, que tratan con diligencia y sobriedad a la familia del Señor, que desean con ardor su venida, que la esperan con vigilancia y la aman con fidelidad. Uno de ellos cree que el Señor vendrá más pronto, otro que vendrá más tarde, y el tercero confiesa su ignorancia sobre el asunto. Aunque los tres vayan de acuerdo con el Evangelio, pues aman la manifestación del Señor, y la esperan con ardor y vigilancia, veamos quién se adapta mejor al Evangelio.

El primero dice: «velemos y oremos, porque el Señor vendrá más pronto». El segundo dice: «Velemos y oremos, porque esta vida es breve e incierta, aunque el Señor tardará en venir. El tercero dice: «Velemos y oremos porque esta vida es breve e incierta y no sabemos cuándo vendrá el Señor». El Evangelio dice: Prestad atención. Velad y orad, porque no sabéis cuándo llegará el tiempo. Por favor, ¿no oímos que el tercero dice lo que hemos oído decir al Evangelio? Por el deseo del reino de Dios, los tres quieren que sea verdad lo que dice el primero. Pero el segundo lo niega, mientras el tercero, sin negar nada, confiesa que ignora quién de los otros dos dice la verdad. Si se realiza como había predicho el primero, se alegrarán con él el segundo y el tercero, pues los tres aman la aparición del Señor. Se regocijarán que haya llegado más pronto lo que amaban. Si no aparece el Señor y se ve que es verdad lo que decía el segundo, es de temer que la tardanza perturbe a los que habían creído al primero y empiecen a creer, no que el Señor tardará, sino que no vendrá. Ya ves cuál sería la ruina de las almas. Si tienen una fe tan firme que se pasen a la opinión del segundo y esperan con fidelidad y paciencia al Señor, que tarda, abundarán los oprobios, insultos y burlas de los enemigos, que apartarán de la fe cristiana a muchos débiles, anunciando que es falso que se les haya prometido el reino, como era falso que iba a venir pronto el Señor. Los que opinan lo mismo que el segundo, esto es, que el Señor ha de tardar en venir, y se descubre que eso es falso, por venir pronto el Señor, quienes le habían creído no se turbarán en su fe, sino que gozarán de una alegría inesperada.

Por lo tanto, el que dice que el Señor vendrá pronto, responde mejor a los deseos, pero su error trae peores consecuencias. ¡Ojalá sea verdad, pues causará molestias si no es verdad! En cambio, el que dice que el Señor tardará y, no obstante eso, cree, espera y ama su venida, aunque yerre respecto a la tardanza, yerra felizmente, porque tendrá mayor paciencia, si tarda, y mayor alegría, si no tarda. Los que aman la aparición del Señor oyen al primero con mayor gusto, pero creen al segundo con mayor seguridad. El tercero, que confiesa su ignorancia, desea que tenga razón el primero, tolera lo que dice el segundo, y en nada yerra, pues ni afirma ni niega. Tal soy yo, y, por favor, no me desdeñes. Yo te amo cuando afirmas lo que yo deseo que sea la verdad. Y tanto más quiero que no te engañes cuanto más amo lo que me prometes y cuanto mejor veo los riesgos si te equivocas. Perdóname si soy cargante para tu santa sensibilidad. Tanto mayor placer me ha producido el hablar largamente contigo, siquiera por escrito, cuanto más rara vez tengo ocasión de hacerlo.

Carta 199, I 3; XIII 52-54


Oración colecta

Dios todopoderoso y eterno;
te rogamos que la práctica de las buenas obras
nos permita salir al encuentro de tu Hijo
que viene hacia nosotros,
para que merezcamos estar en el Reino de los cielos junto a Él.
Que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.


Posteo: Claudio O.