TomasVillanueva (1) 

Santo Tomás de Villanueva,

TITULAR DE NUESTRA PROVINCIA

Patrón de los estudios de la Orden

 


Tomás nació en Fuenllana, Ciudad Real (España), en 1486, y profesó en la Orden el 25 de noviembre de 1517. Por dos periodos desempeñó el oficio de provincial. El 10 de octubre de 1544 fue nombrado obispo de Valencia, donde murió el 8 de septiembre de 1555. Fue uno de los principales promotores de la reforma de la Iglesia española en el periodo pre-tridentino; su ardiente caridad para con los pobres y la clases sociales más desvalidas le ha merecido el título de «limosnero de Dios»; dio un gran impulso a los estudios, a los que la Orden ha puesto recientemente bajo su patronato. También promovió el envío de misioneros de la Orden al Nuevo Mundo.


 

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo ( Mt 6, 1-4)

Tengan cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos: de lo contrario, no recibirán ninguna recompensa del Padre que está en el cielo. Por lo tanto, cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser honrados por los hombres. Les aseguro que ellos ya tienen su recompensa.
Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

Palabra del Señor.

SAN AGUSTÍN COMENTA

Rogaré ante Él. ¿Qué significa ante Él? En su presencia. ¿Qué significa “en su presencia”? En donde ve. Pero ¿en dónde no ve? Decimos en donde ve como si hubiera parte alguna en donde no vea. En este conjunto de cosas corporales, también ven los hombres y los animales; pero El ve también en donde el hombre no ve. Ningún hombre ve tu pensamiento, Dios sí lo ve. Derrama tu plegaria en donde sólo ve Aquel que remunera. Nuestro Señor Jesucristo te mandó orar en lo escondido. Si conoces tu aposento y lo purificas, allí ruegas a Dios. Cuando oréis —dice el Señor—, no seáis como los hipócritas, que se estacionan a orar en las plazas y en las encrucijadas para que los vean los hombres. Tú, por el contrario, cuando ores, entra en tu aposento y cierra la puerta, y ruega a tu Dios en lo escondido; y Él, que ve en lo escondido, te dará el pago. Si los hombres han de retribuirte, ruega ante los hombres; pero, si es Dios el que ha de retribuir, derrama tu plegaria ante Él y cierra la puerta para que no entre el tentador. El tentador no deja de llamar para entrar; pero, si ve que se halla cerrado, pasa de lejos. Por eso, el Apóstol, sabiendo que está en nuestro poder cerrar la puerta, la puerta del corazón, no la de la pared, pues allí se encuentra el aposento, dice, sabiendo, repito, que está en nuestro poder cerrar esta puerta: No deis lugar al diablo. Por tanto, si entró y se aposentó, ve que tú cerraste negligentemente o que te descuidaste en cerrar.

¿Qué significa “cerrar la puerta”? Esta puerta tiene como dos hojas: de codicia y de temor. O deseas algo terreno, y entra por aquí, o temes algo mundano, y penetra por este lado. Luego cierra al demonio la puerta del temor y de la codicia y ábrela a Cristo. ¿Cómo has de abrir estas dos hojas a Cristo? Deseando el reino de los cielos y temiendo el fuego del infierno. El diablo entra por la codicia mundana, Cristo por el deseo de la vida eterna; el diablo entra por el temor de las penas temporales, Cristo por el temor del fuego eterno. Ved cómo los mártires cerraron la puerta al diablo y se la abrieron a Cristo. El mundo les prometió muchas cosas, ellos las despreciaron: cerraron la hoja de la codicia al diablo. El mundo les amenazó con las bestias, el fuego, la cruz; ellos no temieron: cerraron la hoja del temor al diablo. Veamos si abrieron las hojas de la puerta a Cristo: El que me confesare o diere testimonio de mí —dice Jesús— delante de los hombres, yo le confesaré a él delante de mi Padre, que está en los cielos. Amaron, pues, el reino de los cielos, en donde Cristo les confesará. ¿Cómo les ha de confesar o ha de dar testimonio de ellos? Diciéndoles: Venid, benditos de mi Padre; poseed el reino que se os preparó desde el origen del mundo. Ha de dar testimonio de los colocados a su derecha. Veamos si abrieron a Cristo la hoja del temor que cerraron al diablo. En uno y en el mismo lugar amonesta el Señor que se cierre al diablo y se abra a Él: No temáis —dice— a los que matan el cuerpo y no pueden matar el alma. Por esto manda que se anule la hoja del temor ante el diablo. Luego ¿entonces no ha de temerse nada? ¿No ha de abrirse a Cristo la entrada del temor, que está cerrada al diablo? A continuación, como si se dijera: “Cerraste al diablo; ábreme a mí”, añade: Pero temed a quien tiene potestad de matar y arrojar el alma y el cuerpo al fuego del infierno. Luego, si creíste y abriste a Cristo, cierra la puerta al diablo. Cristo está dentro; allí habita; ruega ante Él; no intentes que te oiga de lejos. Pues no está lejos la Sabiduría de Dios, que se extiende del uno al otro confín con fortaleza y ordena todas las cosas con suavidad. Luego dentro, en ti y ante Él derrama tu plegaria; allí están sus oídos. Porque ni al oriente, ni al occidente, ni a los montes desiertos (huiréis para ocultaros), puesto que Dios es el juez. Si es juez, ve tú la causa que llevas en tu corazón.

In ps 141, 3-4


Oración

Dios omnipotente y eterno,
suscita en tu Iglesia pastores
llenos de fe y amor,
a ejemplo del obispo santo Tomás;
y concede, por su intercesión,
que nos dediquemos asiduamente
a cultivar la ciencia de la verdad
y a practicar el servicio de la caridad.
Por nuestro Señor Jesucristo…


Posteo: Fray Jesús Suela Arroyo