A ti vuelvo y torno a pedirte los medios para llegar hasta ti. Si tú me abandonas, luego la muerte se cierne sobre mí; pero tú no me abandonas, porque eres el sumo bien, y nadie te busca debidamente sin que te halle. Y debidamente te busca el que recibió de ti el buscarte como se debe. Que yo te busque, Padre mío, sin que caiga en ningún error; que al buscarte a ti, nadie me salga al encuentro en vez de ti. Pues mi único deseo es poseerte, ponte a mi alcance, te ruego, Padre mío; y si ves en mí algún apetito superfluo, límpiame para que pueda verte. Amén, amén.

San Agustín, Soliloquios I,5-6


Fr. Jesús Suela Arroyo