«Pierde el tiempo predicando exteriormente la palabra de Dios quien no es oyente de ella en su interior. Quienes predi­camos la pala­bra de Dios a los pueblos no estamos tan alejados de la condi­ción humana y de la reflexión apoyada en la fe que no advirta­mos nuestros peligros. Pero nos consuela el que, donde está nuestro peligro por causa del ministerio, allí te­nemos la ayu­da de vuestras oraciones.»

(SAN AGUSTIN, Sermón, 179,1)


Fr. Jesús Suela Arroyo